A pesar de que no soy de pensamientos idealistas, radicales, de derecha, de izquierda o como quieran llamarlo; no soy una persona de opiniones políticas o religiosas; no voy por la vida imponiendo mi pensamiento o gritando que creo; hoy vengo a expresar un punto de vista, no mi punto vista ante que ha estado bien o mal en cuanto a los ataques sucedidos en Francia en esta semana, tampoco mi posición acerca de si soy o no Charlie; simplemente estoy aquí para expresar un punto de vista visto desde los sentimientos.
Y es que en estos tres días me he detenido a pensar no solo como ciudadana del mundo si no como Colombiana; y como Colombiana me he dado cuenta del desapego, el poco dolor de patria y el poco orgullo de ser Colombianos con el que nos hemos, o por lo menos yo me he criado o de algún modo me he formado a través de los años. Puede que tú que me estás leyendo pienses que tú si tienes el amor de patria y el apego del que estoy hablando y eso está muy bien; yo no vengo aquí a generalizar o a juzgar, simplemente siento que como Colombiana no siento ese dolor ni por mi patria, ni por mis compatriotas, siento que quizás con el paso del tiempo nos hemos hecho más indolentes y más indiferentes ante las cosas que les suceden a aquellas personas que deberíamos considerar nuestros hermanos por el solo hecho de llevar el mismo lugar de nacimiento, no solo en la cédula, si no también en las venas y en el corazón; nos hemos hecho indolentes e indiferentes porque se nos ha convertido en una rutina prender nuestro televisor y ver como masacran a la gente a diario sin que nadie haga nada y sin que nadie, de un modo u otro, sienta nada al respecto; nos hemos hecho un país indolente e indiferente porque entre nosotros, y aunque no lo hayamos dicho nunca en voz alta, prevalece la ley de la auto preservación: mientras yo y mi familia estemos bien, el mundo alrededor se puede caer a pedazos y poco y nada nos va a importar; siento, muy a mi pesar, que hemos olvidado que cada persona que vive en nuestro país es una parte de nosotros que debe doler y que debe importar, desde aquel niño huérfano que no tiene familia hasta aquel rico y poderoso que vive en una mansión, todos y cada uno de ellos nos deberían doler como si fuera un miembro de aquella familia que tanto nos esforzamos en preservar; pero en este ajetreo diario de matanzas, atentados y vandalismo aquel amor de patria que quizás alguna vez tuvimos o al menos tuvieron nuestros padres se ha ido quedando en ese mar de olvido donde también han quedado los nombres de las miles y miles de victimas que han perecido en esta guerra a la que llamamos país.
Es muy admirable ver como una nación
, como Francia, está unida en las peores circunstancias, ver como luchan por lo que son y lo que quieren, ver como defienden a sus compatriotas/hermanos como parte de su familia, ver como su tristeza por cada miembro de su "familia"/país es sincera, ver como les duele que atenten contra lo que ellos han creado como república, ver como se sienten orgullosos de ser quienes son y de venir de donde vienen. Yo no digo que no me siento orgullosa de mi país y de mis raíces porque de no ser por eso no sería quien soy, pero si digo firmemente que me encantaría sentirme como en familia cada vez que salgo a la calle y veo a algún compatriota, me encantaría sentir a cada una de las personas caminantes por esta ciudad caótica como parte de mi familia, me encantaría sentir ese orgullo para poder decir que somos una nación unida por y para nosotros, me encantaría sentirme segura, libre y feliz en el país en el que nací, me encantaría despertar una mañana y encontrar que estamos unidos porque nos duele algo o porque no nos gusta algo, me encantaría que así como hoy todos somos Charlie todos fuéramos Colombia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario