miércoles, 8 de mayo de 2019

Inefable.

Esta historia es una historia de manos, una historia de amor contada por dos bailarines. Érase una vez una pareja, ¿separada?. Érase una vez su his-toria de amor contada en...¿Cartas?. Érase una vez una mujer y un hombre que ¿Hablaban?. Hasta aquí todo parece bastante convencional. Añadamos que ella lo ve pero no lo escucha, él la oye pero no lo escucha.
Y ¿Qué pasa aquí? Dice el escritor: “Todas las historias son historias de ma- nos, manos que agarran, que sopesan, que señalan, que unen, que amasan, que enhebran, que acarician, manos abandonadas en el suelo, manos que cortan, que comen, que limpian, que tocan música, que rascan, que asen, que pelan, que se aferran, que aprietan un gatillo, que se cruzan”. Dicho esto, si todas las historias son historias de manos, hoy y ahora todas las historias están escritas con manos, pero estas manos no agarran, no sopesan, no señalan, no acarician, todas quizás son manos abandonadas, manos abandonadas que si, escriben; escriben historias, relatos y claro, escriben mensajes. Mensajes de amor, de odio, de alegría, de sueños rotos y cumplidos, de corazones solitarios escondidos que al final del día no encuentran como expresarse en la vida real, corazones que quieren salir a la calle y por qué no gritar todo aque- llo que cuentan con sus manos pero no son capaz de expresar ni con sus ojos, ni con sus palabras, corazones que creen que están rodeados pero al final del día están ahí, encerrados, desesperados y solos.
Esta es una historia convencional, escrita con manos. Esas manos que en vez de escribir textos, deciden acariciar, deciden responder, deciden expresar. Ella lo quiere, ¿si o no?; Ella lo lee pero no lo escucha cuando lo tiene en frente. Él le habla, le grita pero sin pronunciar palabra; le pide que lo escuche como solían escuchar en aquel tiempo donde las manos no contaban historias escritas si no reales. Él la quiere, le habla, lo intenta, lo intenta, se cansa, se enoja...porque sus manos no le hablan. Sus manos, solo le escriben. Ella lo ve, reacciona, le quiere hablar, le quiere expresar pero no entiende como contar una historia sin escribir, no entiende como responder a aque- llas manos con las mismas manos, el único idioma que conoce no le funciona; sus frecuencias no son las mismas, él no le contesta a sus textos, ella no le contesta a sus caricias.
Pero el cuerpo habla, te habla, te enseña. Él lo intenta. “hola”, “te oigo” “te amo” lo expresa, no lo dice, porque las palabras son insulsas, vacías; las palabras pueden mentir, el cuerpo no. El “me hablas” y te respondo es lo que es. Ella aprende a contestarle, él le responde, hablan, bailan, se mueven, es- criben una historia, de manos, de cuerpos, de amor, de tiempos pasados. Una historia que todos van a entender porque a pesar del tiempo que ha pasado este lenguaje no muere, es eterno, es infinito.